Ingrid Bergman cuenta en su autobiografía detalles del rodaje de ‘Casablanca’, hace 65 años

El Nacional – Alexis Correia / 15 de diciembre de 2007

Ingrid Bergman cuenta en su autobiografía detalles del rodaje de ‘Casablanca’, hace 65 años

La protagonista del filme de 1942, dirigido por Michael Curtiz, revela datos desconocidos de la historia.
“Era naturalmente cortés, pero advertí siempre en él cierto distanciamiento. Fuera del estudio vivía como encerrado en una cápsula de vidrio y me intimidó”, escribió Bergman sobre Humphrey Bogart en su autobiografía ‘Mi vida’, en la que apenas dedicó unos pocos y no muy gratos párra fos a ‘Casablanca’. El actor negro Dooley Wilson, el carismático showman Sam a disgusto, el soplo divino del hiriente recuerdo portado en los versos de As Time Goes By, en realidad estaba sentado frente a un piano hueco, pues no tenía ni la menor idea acerca de cómo tocar este instrumento. Los de coradores no se tomaron nunca la molestia de ojear algunas fotos de Casablanca para saber cómo era de verdad el aspecto de esta ciudad marroquí. Y sin embargo, en un triunfo esplendoroso de la ficción, la película del director Michael Curtiz cumple 65 años con una frescura de la que carece mucho cine. A pesar de contar con un director como Curtiz, el rodaje de Casablanca comenzó como un desastre. El guión se modificaba sin descanso y a diario rodábamos a partir de cero. Nadie sabía cómo finalizaría la trama, lo que no contribuía a que diéramos verosimilitud a nuestros personajes. “Cuando preguntaba si debía estar enamorada de Rick Blaine (Bogart) o de Víctor Laszlo (Paul Henreid), me respondían: Aún no lo sabemos…actúe… actúe mitad y mitad”, prosigue en su autobiografía la intérprete sueca de Ilsa Lund, la refugiada noruega que vive un dilema muy femenino: al altruista hombre que más le conviene lo quiere, pero como a un hermano. Y el que la hace llorar, el que le hace arder las mejillas, es un noble rufián con la nicotina y el alcohol instalados. Uno de los aspectos que más estremece de Casablanca es saber que cuando se estrenó en Estados Unidos, a finales de 1942, luego de un rodaje a la carrera, la Segunda Guerra Mundial parecía lejos de terminar en una victoria de los aliados. De allí la sensación de endeble tregua que se respira en los locales nocturnos dentro de los que se desarrolla la mayor parte de las 20 escenas y 102 minutos de metraje de Casablanca: el Rick’s Café Americain y el Blue Parrot de la metrópolis marroquí. “Es un hermoso mal momento para enamorarse”, le replica Rick a Ilsa Lund cuando ella subraya la paradoja del terrible contexto histórico de su romance furtivo y perfecto, un pasado que él sabe imposible de reeditar y que quedará embalsamado en una oración que, como el himno de La Marsellesa, encierra una semilla de irreducible militancia libertaria ante todo totalitarismo: “Siempre nos quedará París”.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

La leyenda del indomable

El Clarín – Miguel Frías / 13 de enero de 2007

MAÑANA SE CUMPLEN 50 AÑOS DE LA MUERTE DE HUMPHREY BOGART

La leyenda del indomable

Protagonizó clásicos como “Casablanca” y “El Halcón Maltés”. Su estilo, duro y seductor, marcó una época.

De qué se quejan las mujeres que se quejan de que ya no hay hombres? Probablemente de que ya no hay hombres como Humphrey Bogart, en especial en Casablanca. La idealización es también masculina. En 1972, Woody Allen interpretó, en Sueños de seductor, a Allan: un crítico de cine neurótico, vacilante, abandonado con humillación por su esposa. Un hombre que intenta seducir con artilugios y pierde. Apenas una aparición fantasmagórica mitigará sus derrotas: la de Rick Blaine, personaje de Bogart en Casablanca.

Aquella masculinidad en estado puro —que Bogey alcanzaba con un cigarrillo colgando de los labios, un vaso de whisky y apenas 1,70 de estatura— es lo que se ha perdido. Un estilo duro y seguro, pero también melancólico, idealista aunque seductoramente escéptico, autodestructivo. Cuando Allan siente que ese espectro se apodera de él, una mujer —imaginaria— se levanta de la cama y le dice: “Gracias, hasta que te conocí los médicos decían que mi frigidez era incurable”. Y él, eterno perdedor, contesta: “Si tenés amigas con el mismo problema, dales mi teléfono”.

Mitología Bogart. Alimentada no sólo por sus personajes sino también, por ejemplo, por su última mujer, Lauren Bacall. “Bogey era el símbolo del hombre de todas las épocas. Era simplemente un hombre, eso es todo. Era el individualista que todos los jóvenes querrían ser, pero que nunca llegarán a ser mientras se rodeen de coartadas como el culto Bogart. El tenía una vitalidad extraordinaria y una tremenda personalidad. Cuando entraba en una sala, todos enmudecían. De su personalidad emanaba una fuerza magnética que parecía paralizar a los demás”.

Mañana se cumple medio siglo sin él; cincuenta años desde su muerte por un cáncer de esófago y hectolitros de whisky. Las efemérides redondas, debilidad del periodismo, impulsarán —como ocurrió en 1999, durante el centenario de su nacimiento— minuciosas biografías. Como la de Ann Sperber y Eric Lax, que empieza con su infancia acomodada pero amarga: en Nueva York, dentro de una familia con problemas de alcoholismo, adicción a las drogas —sus padres, un médico y una ilustradora de revistas, eran morfinómanos— y maltrato infantil. El joven Humphrey, expulsado de un colegio elitista, se alistó en la Marina. Allí recibió una gran herida en el labio; así adquirió una ceceo y, tal vez, un gesto desdeñoso que con el tiempo serían su marca registrada.

Más tarde se convirtió en actor de teatro e intentó abrirse camino en Broadway. Pero, durante la Gran Depresión del 30, debió buscar formas alternativas de sobrevivir. Una fue jugar al ajedrez en la calle —llegó a ser directivo de la Federación de Ajedrez de los Estados Unidos— por 50 centavos de dólar. Aunque también era aficionado al golf y otros deportes, la actriz Louise Brooks dijo alguna vez: “Jamás lo vi hacer otra cosa que charlar vaso en mano”. Y también: “Desdeñaba toda forma de demostración respecto de las mujeres. Su seguridad en materia de amor preservó su alma hasta su acceso al éxito”.

Tras haber hecho papeles menores en cine, Leslie Howard le aconsejó a la Warner que lo contratara para trabajar en El bosque petrificado (1936). Bogart cobró 750 dólares por tres semanas de rodaje; todavía no lograba abrirse paso en el mundo del cine. “Cumplió los cuarenta como un actor frustrado. Al cabo de seis años en Hollywood tenía un matrimonio que era una batalla campal, dos agentes que creían en él y tres familiares en distintos grados de deterioro mental y/o alcoholismo”, explicaron Sperber y Lax en el libro Bogart.

Durante los años siguientes trabajó en filmes de cine negro, interpretando a gangsters. Se consagró en 1941, cuando hizo el papel de Sam Spade en El Halcón Maltés, dirigido por John Huston. Un año después realizó Casablanca (película en la que nunca pronunció la hiperfamosa frase Tócala de nuevo, Sam, nombre de la obra de teatro de Woody Allen en que se basó Sueños de seductor, cuyo título original fue Play it Again, Sam).

Al final de la Segunda Guerra tuvo problemas por oponerse a las listas negras impuestas por el macartismo. Pero en 1949 fundó su propia productora. En 1951 ganó su único Oscar al mejor actor por La reina africana, también de Huston, el director que marcó su carrera —de 79 películas—, como lo harían, en menor grado, Michael Curtiz, Raoul Walsh y Howard Hawks. Algunos títulos inolvidables: Sahara, Tener y no tener, El sueño eterno, Cayo largo, El tesoro de Sierra Madre, Sabrina (dirigido por Billy Wilder), Horas desesperadas, No somos ángeles.

En el plano íntimo —lejos de su imagen de impermeable y mirada seria bajo el ala del sombrero—, estuvo casado cuatro veces. Las tres primeras terminaron en fracasos, aumentados por su afición bebedora. “Tras ocho vasos de whisky estoy en plena posesión de mis facultades”, bromeó o confesó alguna vez; lejos de estos tiempos de exaltación de la eternidad.

Porque Bogart atrajo con su virilidad, pero también con su carácter efímero. Murió, sin quejas, en la madrugada del 14 de enero de 1957; ante el llanto de Bacall, su cuarta, definitiva esposa. En el recuerdo más persistente, sin embargo, le sigue insistiendo a Ingrid Bergman que se vaya en el avión con su marido. “Si no, lo vas a lamentar. Tal vez no ahora; ni hoy ni mañana. Pero sí más tarde, para toda la vida”. Un hombre que ya no existe.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Medio siglo sin“Bogey”

La Gaceta / Los Ángeles, 14 de enero de 2007

Medio siglo sin“Bogey”

El mítico actor norteamericano falleció el 14 de enero de 1957, víctima de un cáncer de esófago. Era la encarnación del ídolo masculino.

“¿Nacionalidad?”, le preguntaron; “borracho”, respondió. Era el tipo de respuestas lacónicas y cargadas de ironía que lo caracterizaban. No se sabe a ciencia cierta si la anécdota es rigurosamente verídica, pero se ajusta ceñidamente a la personalidad de Humphrey Bogart, una de las leyendas de Hollywod que impuso su sello dentro y fuera de los estudios de filmación.
Cuando murió, el 14 de enero de 1957, en lo más alto de su carrera, era la encarnación del ídolo masculino. Las mujeres soñaban con él porque sabían que en cada situación haría lo correcto. Podía conducir Mustangs o tanques, operar o mezclar tragos. Incluso podía ser un desempleado y pese a ello, tener estilo. Solamente se lo veía sin saber qué hacer ante los niños. A las mujeres las llamaba “Kid” o “Baby”. Los hombres que no bebían le resultaban sospechosos. Su mundo era el bar de las grandes ciudades por la noche, donde bebía tragos duros y callaba.
Bogart nació en 1899. Tras el fracaso escolar, entró en la Marina y sobrevivió luego con trabajos esporádicos. En 1920, a través de las relaciones de su padre, obtuvo un puesto como ayudante en un teatro y, dos años más tarde, logró subir a un escenario. En la década del 30 se pusieron de moda las películas de gángsters, y gracias a su anguloso rostro con una llamativa cicatriz en el labio superior, Bogart era buscado siempre para los papeles de malvado. Hasta que en 1941 rodó “El halcón maltés” -en el que encarnaba al detective Sam Spade-, y su figura se proyectó al estrellato. Al año siguiente, filmó “Casablanca”; al iniciarse el rodaje, aún no estaba terminado el guión, de modo de que ni el propio actor sabía cómo iba a ser el desenlace. La película se convirtió en un éxito enorme y obtuvo tres premios Oscar, entre ellos el de mejor película. Sin embargo, Bogart tuvo que esperar hasta 1952 para recibir la única estatuilla de su carrera, por “La reina africana”.
También en su vida privada la felicidad se demoró. Bogart ya había sufrido tres fracasos matrimoniales cuando conoció a la joven Lauren Bacall, durante el rodaje de “Tener y no tener”; se enamoró perdidamente de ella y la convirtió en su compañera hasta sus últimos días. El que sería su cuarto matrimonio resultó feliz. A los 50 años, “Bogey” fue padre por primera vez, pero la dicha se empañó porque le descubrieron un cáncer de esófago. Cuando el 2 de enero de 1957 una columnista de la prensa rosa le preguntó por su salud, respondió con descuido: “me va fantástico”. Dos semanas después estaba muerto. John Huston dijo entonces que nunca más habría nadie como él. (DPA y Especial)

Una galería de personajes

Desde el gángster malintencionado hasta el hombre duro con afición por la bebida, pasando por el detective cínico, la multiplicidad de personas que Humphrey Bogart encarnó en sus 26 años de carrera no tiene comparación en Hollywood. Entre sus películas más conocidas están:
“El halcón maltés” (1941), que lo convirtió en estrella e inició la “serie negra” de Hollywood.
“Casablanca” (1942), un clásico del cine, en la que encarna al antihéroe romántico Rick Blaine junto a Ingrid Bergman.
“Tener y no tener” (1944). En el rodaje Bogart conoció al gran amor de su vida, Lauren Bacall.
“El tesoro de Sierra Madre” (1948); aquí encarna a un buscador de oro decepcionado.
“La reina africana” (1951). Ganó el Oscar por el papel del capitán alcohólico Charlie Allnut.
“El motín del Caine” (1954). Drama bélico con Bogart como el capitán de un barco de la marina de guerra de EE.UU. “Sabrina” (1954). Aquí encarna al empresario estricto y ambicioso Linus Larrabee, que queda prendado de Audrey Hepburn. – “No somos ángeles” (1955). Comedia negra con Bogart como el vengativo recluso Joseph.
“Más dura será la caída” (1956). Su última película , en la que encarna a un melancólico promotor de boxeo. (DPA)

Nunca habrá otro igual
Análisis. Por Juan Carlos di Lullo – Redacción LA GACETA

El sombrero calado, el cigarrillo en la comisura de la boca, la cicatriz sobre el labio, la réplica breve y contundente; nada de eso serviría hoy en día para identificar a un galán. Pero fueron los elementos que construyeron la imagen de “Bogey”, la que todos los varones de aquella época querían imitar. Se convirtió en un símbolo, y no sólo por los personajes inolvidables que animó en la pantalla grande. La novelesca historia de amor que protagonizó con Lauren Bacall o los permanentes choques con los afiebrados buscadores de comunistas que agitaban la vida de la colonia hollywoodense lo convirtieron en un símbolo para toda una generación. Su dimensión de mito no admite objeciones. Sobre su persona se han escrito libros, y hasta una obra de teatro titulada con una frase que nunca pronunció. Bogart fue sinónimo de cine en la primera mitad del siglo pasado. Murió hace 50 años, quizá porque pertenecía definitivamente a un mundo que muy poco tiene que ver con el que actualmente habitamos.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Humphrey Bogart sigue vivo gracias a sus filmes

El Universal – Rosalina Piñera /14 de enero de 2007

Humphrey Bogart sigue vivo gracias a sus filmes

Hoy se cumplen 50 años de su muerte; el 8 de noviembre de 2006 lo declararon como su día en Reno, Nevada; rompió con el estereotipo del rostro bonito de Hollywood
El 8 de noviembre del 2006 fue declarado el Día de Humphrey Bogart en Reno, Nevada.
Humphrey De Forest Bogart nació el 25 de diciembre de 1899 en Nueva York. Por ello le llamaban El hombre del siglo pasado.
Fue el m ayor de tres hijos. Su padre, Belmont De Forest era médico cirujano. Su madre, Maude Humphrey, artista gráfica. Tenía dos hermanas, Frances y Catherine Bogart.

Bogie, como le decían de cariño, tenía un defecto de seseo al hablar por una cicatriz en el labio. Hay dos historias al respecto; una, que se lastimó con una astilla de madera cuando tenía 12 años de edad. La segunda, cuando era marino de guerra un preso intentó escaparse golpeándolo en la cara con sus grilletes. Al público le gustaba más la segunda versión.

Bogart quería estudiar medicina en la Universidad de Yale pero lo expulsaron de la escuela por rebelde.

Cuando asistía a la Academia Philips de Massachusetts, conoció a William Brady, hijo del productor de teatro William A. Brady, quien le invitó a desarrollar sus histrionismo.

Durante la Primera Guerra Mundial se alistó en la marina y fue ubicado en el buque S.S. Leviathan. En 1918, su embarcación fue atacada por submarinos, un torpedo alcanzó la nave pero no logró hundirlos.

De 1922 a 1935 participó en 20 obras teatrales en Broadway. La temporada más larga fue de It´s a wise child con 378 representaciones.

Debutó en cine en 1930 con un corto musical de 10 minutos, Broadway´s like that.

En Hollywood no lo querían por ¡feo! Su aspecto físico no correspondía al de los galanes de la época así que debió conformarse con pequeños papeles de villano. Con los años lo catalogarían entre los hombres más apuestos de la pantalla.

En cuatro años, de 1936 a 1940, apareció en 28 películas, usualmente en papeles de gángster.

Su gran oportunidad se la dio el director Raoul Walsh con el protagónico en El último refugio (1941) en donde interpretó a. ¡otro gángster! pero en busca de redención.

Pronto se cansó de los roles de villano. En 1940 dio un giro compl eto a su carrera al aceptar el papel del recto detective Sam Spade en El halcón maltés.

Bogart se casó cuatro veces y siempre con actrices. Primero con Helen Menken, con quien duró sólo un año y medio. En 1928 contrajo segundas nupcias con Mary Phillips. En 1938, su tercer enlace fue con Mayo Methot con quien duró siete años y el 21 de mayo de 1945, lo haría con Lauren Bacall, su gran amor.

Conoció a Lauren Bacall mientras filmaban Tener o no tener; juntos actuaron en cintas como El sueño eterno y Key Largo. Tuvieron dos hijos: Stephen en 1949 y Leslie en 1952.

Llamó Leslie a su hija en honor al actor Leslie Howard quien dio gran impulso a su carrera cuando exigió a la Warner Brothers que Bogart participara en la exitosa película El bosque petrificado en 1936.

Su personaje en El bosque petrificado, Duke Mantee, estaba inspirado en el asaltante de bancos John Dillinger.

En su hogar en Beverly Hills vivía con varias mascotas: 14 pollitos, 8 patos y un perro.

Casablanca es la película número uno en la lista de las mejores historia de amor del cine de acuerdo con el American Film Institute (AFI).

Para que Bogart luciera más alto que Ingrid Bergman, actriz de 1.78 de estatura, el director Michael Curtiz subió a su estrella masculina en unas cajas de madera. Para las escenas en que ambos protagonistas están sentados, se colocaban almohadas en la silla del actor quien por cierto, acostumbraba usar zapatos de plataforma en otras películas con el mismo fin.

Mayo Methot, la esposa de Bogie en aquel entonces lo acusaba continuamente de mantener un romance con Ingrid Bergman.

Bogart, Ingrid Bergman y Paul Henreid repitieron sus papeles de Casablanca en el programa de radio de beneficiencia de la CBS, The screen guild players.

Durante la entrega de los premios Oscar en 1946, era el actor favorito por Casablanca. Cuando anunciaron al ganador, Bogart se levantó para recibir el premio sin darse cuenta de que habían nombrado a Paul Lukas y no a él.

Ganó el Oscar como mejor actor por La reina africana en 1951 compitiendo con Marlon Brando, Montgomery Clift y Fredric March.

Katharine Hepburn comentó que durante la filmación de La reina africana todo el personal enfermó de disentería, no así Bogart ni el director John Huston. Ellos lo atribuyeron al whisky escocés que bebían. El actor explicó: “Todo lo que hice fue comer frijoles, espárragos y beber whisky”.

Las sanguijuelas que se adhieren al cuerpo de Bogart en esa película eran falsas pero el director, Huston, le dijo que algunas eran verdaderas. Asustado, el actor se dio prisa para grabar la escena con un gesto genuino de repugnancia. Huston hizo ese comentario sólo para lograr más realismo en la reacción del actor.

En La condesa descalza (1954) actuó al lado de Ava Gadner y contrario a lo que ocurría en pantalla, ambos se odiaban en la vida real.

Durante la filmación de Sabrina (1954), Bogart tuvo problemas de empatía con Audrey Hepburn; cuando le preguntaron si tenía algo en contra de ella, él respondió: “Nada, realmente. Si no te importa repetir la escena 20 veces cada vez”.

Para Bogart la hora diaria de terminar la filmación de Sabrina eran las seis de la tarde, momento en que comenzaba a beber whisky. Si alguien del staff le pedía que regresara a escena lo mandaba muy lejos de paseo.

El 24 de junio del 2006, una sección de la 103ª calle del oeste en Nueva York fue bautizada en su honor: “lugar de Humphrey Bogart”.

Tres de sus películas se encuentran entre las 100 más inspiradoras de la historia de acuerdo con el American Film Institute: Casablanca en el lugar 32, La reina africana en el sitio 48 y Victoria oscura en el 72.

Tres de sus personajes están entre las 1 00 mejores del cine de acuerdo con la publicación Premier Magazine . Sam de El halcón maltés es el número. 80. Rick Blaine de Casablanca ocupa el lugar 18 y Fred C. Doobs en La reina africana el segundo sitio.

En 1999, el American Film Institute lo nombró “La estrella masculina más grande de todos los tiempos”.

Por Casablanca recibió un sueldo de dos mil 200 dólares a la semana. Por La reina africana obtuvo 125 mil dólares más 30% del ingreso en taquilla. En Sabrina, una de sus últimas películas, firmó un contrato por 300 mil dólares.

Sus pasatiempos favoritos eran navegar, el ajedrez y el golf.

Era bebedor y fumador empedernido. Aseguraba que consumía hasta cinco paquetes de cigarros al día.

Cuando enfermó de cáncer recibió la visita de amigos como Spencer Tracy, Khatarine Hepburn, George Kukor, Peter Ustinov y Kirk Douglas.

Tenía 58 años y pesaba 40 kilos cuando murió de cáncer en la garganta el 14 de enero de 1957.

LA SABIDURÍA DE ´BOGIE´

La mejor manera de sobrevivir a un Oscar es nunca tratar de ganar otro. Ustedes han visto lo que les sucede a los ganadores: pasan el resto de su vida rechazando papeles en espera del gran personaje que les permita ganar otro Oscar.

No eres una estrella hasta que no saben decir tu nombre en Karachi.

Odio los entierros. No se hacen para el individuo que está muerto. Se hacen para los individuos que están vivos y gozan estar de luto.

Actuar es como el sexo: o lo haces y no hablas de él o hablas de él y no lo haces. Por eso siempre sospecho de la gente que habla demasiado de cualquiera.

La única cosa que le debes al público es una gran actuación.

Un hot-dog en el estadio de beisbol es mejor que un filete en el Ritz..

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

“Casablanca”, en musical

La Nación / 9 de octubre de 2005

“Casablanca”, en musical.

Corría el año 1942 y Warner Brothers había decidido llevar a la pantalla grande la obra de Murray Burnett y Joan Alison, “Everybody Comes to Rick´s” (algo así como “Todo el mundo viene a Rick”), con el título de “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz. Eran épocas en que aún la guerra asolaba los territorios europeos. La temática y la época estimularon las predicciones negativas y nadie puede llegar a comprender que haya terminado por ser un clásico del cine mundial. Claro que mucho tuvo que ver el elenco original: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Rains, Peter Lorre, Sydney Greenstreet y muchos más. Tal fue el éxito que nadie se atrevió a hacer una nueva versión.
Como un homenaje a ese film, en Los Angeles se realizó una semimontada que fue interpretada por Anne Heche, como Ilsa; John Rubinstein, como Rick Blaine, Edward Hermann, como el capitán Reanult, y Michael York, como el mayor Strasser.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Bogart ya tiene calle en Nueva York

El País – Barbara Celis / Nueva York, 27 de junio de 2006

Bogart ya tiene calle en Nueva York

A Rick Blaine e Ilsa Lund, los inolvidables personajes encarnados por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en Casablanca, siempre les quedará París. A Nueva York, la ciudad donde nació Bogart, siempre le quedará la calle 103, donde creció el actor.

A Rick Blaine e Ilsa Lund, los inolvidables personajes encarnados por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en Casablanca, siempre les quedará París. A Nueva York, la ciudad donde nació Bogart, siempre le quedará la calle 103, donde creció el actor. El pasado fin de semana, la alcaldía de Nueva York le puso su nombre a la manzana en la que vivió de niño, entre Broadway y la West End Avenue. Bogart Place está a la altura del 245W de la 103, donde se encuentra la casa de cuatro plantas en la que el actor nació y creció junto a su madre, una ilustradora, y su padre, un cirujano. Hoy se trata de un edificio de protección oficial en el que viven cuatro familias. La idea de dedicarle la manzana a Bogart fue de un vecino, Gary Dennis, que descubrió leyendo la biografía del actor que había crecido en la misma calle que Bogart sin saberlo. Dennis, un cinéfilo propietario de un videoclub cercano, no sólo recogió firmas para que el Ayuntamiento cumpliera su deseo sino que consiguió que la actriz Lauren Bacall, la cuarta esposa del actor, acudiera emocionada a la inauguración de la calle el sábado. “Bogie nunca lo hubiera creído. Ha sido una sorpresa”, dijo Bacall con lágrimas en los ojos. Le acompañó el hijo de ambos, quien declaró: “Amamos Nueva York”, aunque Bacall puntualizó, “Pero queremos más a Bogart”.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

La “bogartmanía y la moda “retro” actualizan el cine negro

El País – Fernando Trueba / 11 de julio de 1979

La “bogartmanía y la moda “retro” actualizan el cine negro

Unos doscientos títulos policiacos se proyectarán en la Filmoteca

A primeros de mes han dado comienzo, en la Filmoteca Nacional, las proyecciones de un ciclo dedicado al cine negro. Dicho ciclo, probablemente el más amplio de los realizados por la Filmoteca hasta la fecha, ocupará gran parte de la programación de ésta durante los meses de julio, agosto y septiembre, y constará, aproximadamente, de unos doscientos títulos. Esto no hace sino responder al interés, cada vez mayor, que la literatura y el cine policiacos despiertan en un amplio sector del público español.

El boom de la literatura de serie negra en España es tal que se organizan congresos y mesas redondas sobre el tema, las editoriales reeditan a los clásicos (Bruguera) o incluso inventan nuevos autores (Sedmay). Cualquiera que se precie de estar à la page puede no haber leído El Quijote, pero nunca se atreverá a admitir que no conoce al dedillo El largo adiós, La llave de cristal o Cosecha roja. El carácter apresurado de esta operación editorial hace que se cometan injustas desproporciones y que, mientras Chandler, Hainmett o MacDonald se editan íntegros -o casi-, autores de la talla de Goodis, Irish o Higlismith sean prácticamente ignorados.Este renacimiento de la novela negra no podía ignorar el cine. De hecho, sus vidas siempre fueron paralelas. El cine tomó de la novela sus mejores argumentos y muchos escritores del género escribieron guiones para los estudios de Hollywood. El resurgir del cine negro debe no poco al fenómeno de la bogartmania, entronizado por Woody Allen en su obra Play it again, Sam, donde Humphrey Bogart es presentado como el tipo que a todo horríbre le gustaría ser, corno el superego del infeliz ciudadano medio. La adoración por Bogart, el ejemplar más perfecto y complejo de los grandes duros románticos de la pantalla, conlleva cierta injusta ignorancia de algunos de sus colegas. Negar la importancia de Edward G. Robinson, Paul Muni, George Raft o James Cagney sería ridículo, máxime cuando el personaje de Bogart se nutrió y construyó a base de perfeccionar y desarrollar el trabajo de todos ellos. En la actualidad el duro como personaje cinematográfico ha degenerado totalmente hasta la inhumanidad inverosímil de Clint Eastwood o del pelele de hormiaón de Charles Bronson.

Orígenes del cine “negro”

Creo que no es exagerar decir que el cine negro lo inventó un cínico y hábil guionista -tal vez el más grande de todos los tiempos- llamado Ben Hecht. Sí la novela negra había nacido en la década de los veinte en las páginas de Black Mask, el cine negro nació cuando Ben Hecht escribió la historia de un romántico gangster llamado Bull Weed. Esta historia sería dirigida por un poeta del cine llamado Josef von Stemberg, con el título de Underworld, en 1927. Fue el primer filme negro y uno de los últimos grandes del cine mudo. Cinco años más tarde, Howard Hawks dirigió Scarface, la historia del gangster Tony Camonte. Otra obra maestra. Una de las primeras del sonoro y, curiosamente, su guión era obra de la misma per sona: Ben Hecht. Entre medias, sin embargo, estaba Little Caesar (1930), biografía de un gangster italiano, interpretado por Edward G. Robinson y que dirigió Mervyn Le Roy. La película estaba basada en una novela de William R. Burnett, un grande del género, procedente de las páginas de Black Mask, al igual que Hammett, Chandler, McCoy, Irish, Whitfield, Latimer, etcétera, y que también había colaborado en el guión de Scarface. Diez años más tarde, John Huston adaptará una novela de Burnett que se convertirá en otro clásico del género, al ser filmada por Raoul Walsh: High Sierra (El último refugio, 1941). En ella, Bogart, que cinco años antes había destacado al encarnar al gangster supermalo Duke Mantee de El bosque petrificado (1936), interpreta el papel de Roy Earle, gangster casi angelical, que no pierde por ello nada de su dureza. El éxito de El último refugio permitirá a Huston, su guionista, realizar en ese mismo año la tercera versión de El halcón maltés (The maltese falcon, 1941), que ya habían llevado a la pantalla Roy del Ruth y William Dieterlee, en la que Humphrey Bogart hará la más convincente creación del detective Sam Spade. La última gran aportación de Burnett al cinenegro tendrá lugar diez años más tarde, de nuevo de la mano de John Huston, cuando éste dirige otra de las obras maestras del género: Laj ungla de asfalto (Asphalt Jungle, 1950).A pesar de que se hayan filmado cuatro versiones de El halcón maltés, dos de La llave de cristal, una de El hombre delgado, etcétera, Dashiell Hammett no ha tenido buena suerte en el cine. Raymond Chandler no ha sido más afortunado, a pesar de que se hayan hecho tres versiones de Adiós, mpñeca; dos de El sueño eterno y La ventana siniestra, y una de La hermanapequeña, La dama del lago y El largo adiós. Entre todas ellas, sólo la versión de El sueño eterno dirigida por Howard Hawks (The big sleep, 1946) tiene la categoría del original. Playback, novela concebida por Chandler como guión es, curiosamente, la única que aún no ha sido llevada a la pantalla. En la labor como guionista de Chandler, junto al mediocre filme de George Marshall La dalia azul (1945), hay que destacar la adaptación de Double Indemnity (1944), de James Caín, que dirigió Billy Wilder, y la de Strangers on a train (Extraños en un tren, 1951), la primera novela de Patricia Highsmith, que diVigió Alfred Hitchcock, dos obras claves del cine negro. Patricia Highsmith, gran autora: del género, subvalorada en América y adorada en Francia, será adaptada por Clement (A plein soleil, 1960) y Autant-Lara (Le meurtrier, 1963), antes de ponerse de moda en los sesenta, al rodar Wim Wenders El amigo americano (1977), sobre Ripley’s game, Claude Miller Dites-lui que je l’aime (1977), sobre, This sweet sickness, y Hans W. Geissendoerfer Die glasernezelle (1978), sobre The glass cell. Cornell Woolrich, conocido como George Hopley y, sobre todo, como William Irish, otro grande, ha sido llevado a la pantalla en treinta ocasiones -todo un récord-, sin embargo, lo único destacable serán las versiones de Jacques Tourneur de The leopard man (1943) y de Alfred Hitchcock de Rear window (La ventana indiscreta, 1954). En los sesenta, François Truffaut adaptará dos novelas suyas: La novia vestida de negro (1967) y La sirena del Mississipi (1969). Años antes, Truffaut había logrado su mejor película al adaptar Tirez sur le pianiste (1960), de una novela de David Goodis, de quien Delmer Daves y Tourneur habían adaptado con bastante fortuna Dark passage (Senda tenebrosa, 1947), con Bogart, y Night fall (1950), respectivamente.

Pocos escritores de la serie negra tardarán tanto en ser descubiertos para el cine como Jim Thompson. Tras interpretar un pequeño papel en Adiós, muñeca (1975), de Dick Richards, Thompson ha muerto en 1977, ignorado. Sólo Peckimpah y Burt Kennedy habían llevado dos novelas suyas al cine: La huida (The getaway, 1972) y The killer inside me (1976), respectivamente. Sin embargo, años antes, Thompson había sido el eficaz dialoguista de Atraco perfecto y Paths of glory, los mejores filmes de Kubrick. En el último Festival de Cannes, uno de los más recientes y esotéricos directores del cine. policíaco europeo, Alain Corneau, autor de Policia Pyth on 357 y La menace, presentaba Serie Noire, basada en A hell of a woman, de Thompson.

La decadencia, en los años cincuenta

Si entre 1930 y 1955, Alfred Hitchcock, Howard Hawks, Fritz Lang, Jacques Tourneur, John Huston, Orson Welles, Nicholas Ray, Raoul Walsh, Michael Curtiz, Henry Hathaway, Robert Aldrich, Samuel Fuller, Don Siegel, Otto Preminger, Delmer Daves y tantos otros lograron muchas de sus mejores películas dentro del cine negro, los años cincuenta verían una vertiginosa caída que se manifestaba principalmente a través de la progresiva desaparición de los grandes maestros, la repitición de temas, la adopción de lZas, esquemas y estereotipos, en fin: la serialización que caracteriza a todo el cine de Hollywood de finales de los cincuenta y los sesenta. En esta época son los europeos quienes toman el relevo. Jean-Pierre Melville crea un estilo propio en Francia con películas como Le deusieme souffle, Le samurai o Le doulos. E insistir en la importancia de la serie negra para la nouvelle vague francesa sería inútil. Películas como Tirez sur le pianiste, de Truffaut; A bout de souffe, de Godard; Ascensor para el cadalso, de Malle; o Classe tous risques, de Sautet, constituyen lo mejor de esta generación. Pero, pasada la militancia cinéfila de los primeros tiempos, todos derivan hacia un cine más personalista y alejado del género. Sólo en los últimos tiempos el cine negro parece haber renacido. de la mano de la moda retro y de la operación de revitalización de los géneros emprendida por Hollywood. Se ilustran los clásicos al pie de la letra para bien (Adiós, muñeca, de Richards) y para mal (The big sleep, de Winner). Se desvirtúan para bien (El amigo americano, de Wenders) y para mal (Un largo adiós, de Altman). Se observa el género con ironía para bien (The late show, de Benton) y para mal (The cheap detective, de Moore). Se juega al pastiche de calidad (Chinatown, de Polanski), al oscurantismo (La noche se mueve, de Penn) y, a veces, alguien hace cosas nuevas (The Nickel ride, de Mulligan). Los autores del momento se vuelven hacia el cine negro. Bertrand Tavernier ha terminado de rodar Mort en direct. Wini Weriders prepara Hammett y Jean-Luc Godard, Bugsy Siegel-The Story. Y desde hace mucho se sabe que el sueño de Bertolucci es filmar Cosecha roja, y el de Chabrol hacer otro tanto con La maldición de los Dain, las dos únicas grandes obras de Dashiell Hammett aún por filmar.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized