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Página Negra de Humphrey Bogart: ¡Tócala otra vez, Sam!


Decepcionó a sus padres y abandonó la carrera de medicina; probó con el teatro y pasó al cine, pero rodó en papeluchos de hampón hasta que triunfó casi a los 40 años.

POR JORGE HERNÁNDEZ S./JORGEHERNANDEZS@HOTMAIL.ES

Un suspiro es un suspiro… mientras el tiempo pasa. A los 58 años le llegó la hora del último martini. Murió, como muere un hombre, con un gesto de desdén, sin dolor ni victimismos.

El cáncer lo consumió, veloz y letal. Siempre recibió a sus amigos, a veces en la cama o postrado en una silla de ruedas; bien vestido y afeitado, con un cigarrillo en una mano y una copa en la otra.

De niño padeció abusos de su padre; algunos atribuyen a eso su infelicidad. Otros dicen que durmió con mil mujeres, pero solo amó a una. Mujeriego, fumador y juerguista, los existencialistas de los años 60 adoraron el tono sarcástico de su voz y sus aires humanos de héroe moderno.

Al principio era un intérprete pobre, con pésima dicción, aparatoso, afectado y testarudo. Tal vez, dicen sus biógrafos, fueron sus dos fracasados matrimonios los que le ayudaron a madurar, a calmar sus ímpetus y a mirar con serenidad a las cámaras.

Subió de rodillas cada peldaño hacia la cumbre. Durante 20 años vivió de las sobras, pero en un despiadado ejercicio diario de autodisciplina pasó del oficio a la maestría y de ahí a la leyenda.

Por muchos años merodeó entre los tobillos de James Cagney, John Garfield o Errol Flynn, encasillado en papeluchos de galancito de salón; hasta que le sonó la flauta con El bosque petrificado , de 1936, donde interpretó el asesino Duke Mantee, sin maquillaje y con el rostro lleno de verdugones.

La Warner Bros lo fichó por $550 semanales; pasó a ser el actor de reparto mejor pagado de la industria del celuloide.

Desde esa fecha y hasta 1941 filmó 30 películas; interpretó hampones y malvados, aprovechando aquella mirada perdida y los labios que le partió una esquirla de torpedo, fijando para siempre su destino.

Primero fue Raoul Walsh, con Su último refugio ; después John Huston, con El Halcón Maltés , quienes convirtieron la inexpresividad de Humphrey Bogart en uno de los signos más conocidos del cine negro y estallaron una estrella cuya luz –como la de una supernova– llega hasta el presente.

Detrás vino Casablanca hasta un total de 81 filmes, entre ellos: El sueño eterno , Cayo largo , Llamada cualquier puerta , El tesoro de Sierra Madre , La reina de África , El motín del Caine y Sabrina .

“Bogie”, como lo recordó su mujer Lauren Bacall, sigue vivo en la televisión, el cine, DVD o en fotos. Los besos que le plantó a Ingrid Bergman o Audrey Hepburn perviven en la memoria de los enamorados. Y, entre los políticos ingleses, Casablanca es su película favorita.

El sueño eterno

Del pobre “Bogie” han dicho de todo. Una reciente biografía se solaza en su voraz apetito sexual y de su crisis de virilidad a causa de unos lapsos de impotencia, sufridos con su segunda esposa Mary Phillips.

Llegó al punto de creerse gay y hasta pensó en el suicidio; aún más porque la bruja de Phillips lo ridiculizaba y lo amenazó con regar la especie por todo Hollywood. Un amigo confesó que Bogart estuvo a punto de cortarse la garganta con una navaja.

Por dicha se deshizo de ella y cinco días después del divorcio se casó con Mayo Methot, que le duró siete años; la cambió por la Bacall, a quien conoció en el set de Tener y no tener . El día de su boda ella le regaló un silbato de oro con la frase: “Si me necesitas…silba”.

Sin estrellas ni Reyes Magos, Humphrey DeForest Bogart llegó al mundo en la Navidad de 1899, al acomodado hogar neoyorquino del prestigioso cirujano Belmont Bogart –adicto al opio según los chupatintas– y la diseñadora gráfica y sufragista Maud Humphrey.

Era el mayor de tres hermanos; recibió una educación refinada y sus padres lo tenían destinado a Yale. Lo inscribieron en la Academia Phillips donde conoció a William Brady, que le llenó la cabeza de pajaritos teatrales y lo convenció de que probara con la actuación.

Con 16 años frecuentó lupanares y cantinas donde se metió en broncas continuas; lo expulsaron de la universidad y acabó con los perdederos de la marina. Peleó en las últimas batallas de la Gran Guerra y sufrió un accidente anodino, que le dejó su peculiar cicatriz en la boca.

Esa marca, unida a su breve estatura, una personalidad triste y desgastada lo llevaron de fracaso en fracaso; primero en el teatro, después en el cine y no fue hasta casi los 40 años que alcanzó el éxito.

¿Por qué triunfó? Representó al infeliz que sale de un pasado difícil con la dignidad intacta; al derrotado que permanece impasible ante un nuevo reto y al hombre duro pero tierno, cínico y con clase.

Áspero, rudo, bebedor y desaliñado Bogart se convirtió en el mayor romántico de los años 40, con sus personajes arrogantes, atractivos, dignos, turbios, amargos, individualistas, torturados, complejos y sombríos, pero traspasados con profundidad, ritmo, matices y verdad.

“En mis últimas 34 películas fui tiroteado en doce, electrocutado o ahorcado en ocho e hice de presidiario en nueve”, dijo.

Sam Spade, Philip Marlowe, Rick Blaine o Harry Morgan tendrán siempre el rostro de “Bogie”, su corazón de oro y el ánimo dispuesto para luchar por sus ideales.

El 14 de enero de 1957 el cáncer de garganta mató a Humphrey Bogart, pero engendró al mito. Un cementerio de Beverly Hills recibió sus restos y yacen ahí con un silbato de oro.

Nadie volvió a usar la gabardina ni el sombrero como Bogart; tampoco el cigarrillo colgado de su sonrisa triste, pero no vencida.

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Casablanca, o el renacimiento de los dioses

Casablanca, o el renacimiento de los dioses

Umberto Eco, 1975

Dos semanas atrás, toda la gente de cuarenta años estaba sentada ante el televisor para volver a ver Casablanca. Pero no se trata de un fenómeno normal de nostalgia. En realidad, cuando Casablanca se proyecta en las universidades norteamericanas, los jóvenes veinteañeros subrayan cada escena y cada réplica célebres (“Arrestad a los sospechosos de costumbre”, o bien “¿Son los cañones o los latidos de mi corazón?”, o cada vez que Boggie dice “Kid”) con ovaciones que habitualmente se reservan a los partidos de béisbol. Y pude observar esta misma actitud en una filmoteca italiana frecuentada por jóvenes. ¿Cuál es entonces la fascinación de Casablanca? Sigue leyendo

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“Casablanca”, un romance mítico

BBC / 12 de agosto de 2003

“Casablanca”, un romance mítico

Las estrellas de la película “Casablanca”, Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, no se llevaron bien y consideraban que la afamada película que filmaron juntos no era nada de otro mundo.

Durante una reunión para marcar el sexagésimo aniversario del estreno del legendario film, los familiares de ambas estrellas enterraron varios mitos sobre la famosa “química” que la celebrada pareja mostró en la pantalla.

La viuda de Bogart, Lauren Bacall, y su hijo, Stephen Bogart, se unieron en Nueva York a las hijas de Bergman, Pia Lindstrom, Isabella Rossellini e Ingrid Rossellini, para lanzar una copia en 35mm del romántico clásico.

El consenso general fue que, además de tener una mala opinión de la película, Bogart y Bergman no tuvieron una buena relación personal.

Lindstrom le dijo a Stephen Bogart: “Realmente ella no se llevó bien con tu padre”.

Química profesional

Stephen Bogart estuvo de acuerdo con Lindstrom y señaló que el contacto entre los protagonistas de la película fue sólo profesional.

Ni siquiera eran amigos
Isabella Rossellini
Aunque la cinta fue lanzada a nivel nacional en Estados Unidos en 1943, primero se proyectó en Nueva York en 1942 para aprovechar la invasión de los aliados a África del Norte durante la Segunda Guerra Mundial.

Se suele señalar que la aparente relación pasional entre las estrellas del film es el factor principal detrás de la duradera popularidad de Casablanca.

El año pasado el Instituto Cinematográfico de Estados Unidos la escogió como la mejor historia de amor en celuloide de todos lo tiempos.

Sospechas

La esposa de Bogart para ese momento, Mayo Methot, estaba convencida de que él tenía una aventura con Bergman y en repetidas ocasiones durante el rodaje lo confrontó al respecto.

“Fue muy misterioso porque ni siquiera eran amigos”, dijo Isabella Rossellini, quien también ha sido aclamada en el cine por sus actuaciones en películas como “Terciopelo azul”.

Por su parte, Lauren Bacall señaló que “sí tenían química en la pantalla, pero no creo que la tuvieran fuera de ella”.

Bergman nunca quiso hacer “Casablanca”, y sólo acepto el papel porque inicialmente fue rechazada para otra película que posteriomente protagonizó: “¿Por quién doblan las campanas?”.

“Años más tarde, mi madre solía tornar la mirada en señal de desagrado cuando alguien le mencionaba ‘Casablanca'”, recordó Lindstrom. “Realmente no fue su experiencia cinematográfica favorita”.

Nota de BBCMundo.com:
http://news.bbc.co.uk/go/pr/fr/-/hi/spanish/misc/newsid_3145000/3145565.stm

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La legendaria magia de ‘Casablanca’

El Universo – Carlos A. Icaza / 28 de octubre del 2004

La legendaria magia de ‘Casablanca’

El director húngaro Michael Curtiz imprimió a Casablanca (1942) un toque cosmopolita que se desprendía de una obra teatral desconocida –literalmente– porque nunca se estrenó. Los productores de la película la utilizaron como base para el guión. Mucho se ha hablado de esto, porque la película seguía siendo escrita mientras se filmaba y los protagonistas no sabían del desenlace hasta los últimos momentos. Frases que pasaron a convertirse en el léxico popular se inventaron en la locación, lo que causaba en el equipo de producción ataques de nervios que finalmente se encauzaron en la ingeniosa frescura de la trama.

Nadie fue a la verdadera Casablanca en Marruecos a filmar nada, todo era recreado en esa luminosa fotografía en en blanco y negro de la época, en los propios estudios de la Warner.

Allí el eje central está en Rick’s Café, el night-club que regenta el aventurero interpretado por Humphrey Bogart. Durante la guerra, Casablanca era un nido de refugiados europeos cuyo único sueño era el esperado vuelo a EE.UU. En el mercado negro el gran negocio eran los documentos requeridos para poder hacerlo y solo por esto había muertos y heridos. Además, allí se juntaban las milicias del ejército nazi junto a franceses, italianos, británicos y exóticos seres de todas las latitudes. Ese elaborado menaje se juntaba todas las noches bajo la tutela de Rick con las susurrantes melodías de Sam (Dooley Wilson) en el piano.

Allí escuchamos por primera vez la inmortal As time goes by en el momento en que su viejo amor parisino, la resplandeciente Ilsa (Ingrid Bergman) entra al sitio, acompañada de su marido Víctor Laszlo (Paul Henreid), un héroe de la resistencia de Checoslovaquia. Ambos están tratando de escapar a América.

Bogart y Bergman crean momentos imborrables en Casablanca. El hombre duro del cine negro norteamericano llegó a esta película con todavía más duras credenciales de sus películas anteriores –de él también veremos próximamente El halcón maltés (1931) en la colección de EL UNIVERSO– donde impuso un estilo característico. Esto ha sido el molde para algunos héroes del cine moderno, incluido el duro de matar de hace pocos años, Bruce Willis. Pero la hipnótica sonrisa de la sueca Ingrid Bergman lo derrite todo. Su rostro domina el filme con el brillo de una personalidad incandescente, que humanizaba tremendamente su innato glamour. Alrededor de ellos está una pléyade de luminarias en papeles secundarios que se roban el show en cada aparición, como Claude Rains en el papel del Cdte. Renaud, amigo de Rick, con el cual se cierra la historia.
Estrenada en Los Ángeles en 1942 durante el Día de Acción de Gracias, Casablanca entretuvo al gran público en medio de momentos delicados, cuando el presidente Roosevelt definía su política frente a una dividida Francia, en medio de la debacle europea en la II Guerra Mundial. La película pudo servir para entibiar álgidos momentos diplomáticos entre EE.UU., Inglaterra y Francia. Meses después, a principios de 1943, se dio la conferencia entre Roosevelt, Churchill, De Gaulle y el Gral. Henri Giraud en Casablanca. La guerra tomó otro giro, porque esta vez sí se había consolidado una estrategia conjunta en la batalla contra Hitler. Los grandes estadistas nunca se juntaron en Rick’s Café, pero As time goes by (Mientras el tiempo corre) debió estar en sus cabezas cuando se daban la mano.

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‘Casablanca’ 65 años desde su estreno

EFE / 27 de noviembre del 2007

‘Casablanca’ 65 años desde su estreno

La película Casablanca, cuyo estreno cumplió ayer 65 años, mantiene el mismo poder de fascinación que entonces; y mientras hoy se ve, ante todo, como una historia romántica, en 1942 lo que más se apreció fue su mensaje político.

Es catalogada como el mejor guión cinematográfico jamás escrito. Ganó tres premios Oscar, incluyendo Mejor película. Relata el amargo sabor de lo que pudo ser y no fue.

Cortinas de neblina en las afueras de un hangar adornan el momento de despedida entre dos personas, unidas por la tristeza de su imposible amor.
No es una escena cursi, se trata del inolvidable acto final del filme Casablanca, cuya premiere se realizó el 26 de noviembre de 1942 en Nueva York.

La película ocupa el primer puesto en la lista ‘Mayores historias de amor’ del cine elaborada por el Instituto Americano del Cine (AFI), atribuyendo esta distinción a la impecable actuación de Ingrid Bergman (Ilsa) y Humphrey Bogart (Rick).

Pero Casablanca es en primer lugar la historia de un microcosmos que reflejaba la situación creada por la Alemania nazi en Europa y en el norte de África. En esa ciudad se dan cita refugiados de toda Europa que esperan un permiso para volar a Portugal y de allí a la tierra prometida: Estados Unidos.

La nacionalidad de los habitantes de ese microcosmos no es fruto de la casualidad: los refugiados y resistentes son de Centroeuropa, los franceses mantienen una actitud ambivalente de complicidad sin convicción con los nazis, los villanos son alemanes o italianos.

El proyecto de Casablanca se empezó a gestar el 8 de diciembre de 1941 –al día siguiente del ataque japonés contra Pearl Harbor y el mismo día en que EE.UU. entró en guerra– cuando los autores de la obra de teatro en la que se basó luego el guión enviaron una copia a los estudios Warner.

Tras visualizar Casablanca, la Oficina creada por el gobierno para controlar que las películas “ayudaran a ganar la guerra” hizo un informe muy positivo que señalaba que el filme, entre otras cosas, mostraba a “Estados Unidos como un refugio para los oprimidos”.

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Sigue la historia de amor en Casablanca

EFE / 30 de diciembre de 1994

Sigue la historia de amor en Casablanca

La mítica película Casablanca, protagonizada hace 53 años por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, tendrá continuación gracias a Casablanca 2, un homenaje a la historia de Rick e Ilsa, obra escrita por Joseph Martín como guión para un filme con capital, director y actores españoles.
Amante del cine y enamorado de Casablanca, el español Joseph Matín explicó que ya se han elegido los escenarios para el rodaje: las localidades de la región sureña de Andalucía de Vergel, Conil y Barbate.
Ediciones y producciones Conficius Stendhal-España producirá Casablanca 2, que cuenta con un presupuesto de 750 millones de pesetas (unos 5,7 millones de dólares), y para dirigirla se ha contactado con los realizadores españoles José Luis Garcí y Jaime de Armiñán.
Joseph Martín no concretó quién hará el papel de Ingrid Bergman, pero sí confirmó que el personaje de Humphrey Bogart será interpretado por el actor francés Alain Delon, el único extranjero en la producción española .
El rodaje, según el guionista, podrá comenzar en ocho o diez meses, y los escenarios serán muy sencillos: una playa y una casa donde se reencuentran Rick Blaine e Ilsa Lund 25 años después de su mítica despedida, en medio de la niebla, en el aeropuerto de Casablanca.
Martín, un español nacido en la ciudad de Casablanca y coautor del libro junto a la francesa Anne Marie Saintclair, escribió la historia como un homenaje a mi ciudad natal, y para saldar una deuda personal con la población donde en los años 40 asistí, en el cine Vox, al estreno de la película que dirigió Michael Curtiz .
Además, hace 25 años, recordó Joseph Martín, un grupo de cinéfilos, escritores, periodistas y directores de cine seleccionaron en Londres las diez mejores películas de todos los tiempos.
Aparecían desde El nacimiento de una nación, de David Griffith (1915), hasta Candilejas, de Charles Chaplin (1952), y Casablanca ocupó el séptimo puesto.
Todos coincidieron en que sólo dos de esas diez películas podían tener continuación: Lo que el viento se llevó, que ya se ha rodado, y Casablanca.
Considera Martín que la película que Curtiz rodó en 1941 continúa teniendo un misterioso atractivo, a pesar de la inexactitud histórica y el escaso rigor, franqueza o sinceridad en la narración de algunos hechos .
En opinión de Martín, Casablanca es uno de los mayores éxitos de la historia del Séptimo Arte, pero es también un canto a los sentimientos más nobles del ser humano, a la amistad, a la supervivencia, a la oposición a la barbarie.

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Casablanca, 65 años después

El Nacional – Alexis Correia / 16 de diciembre de 2007

Casablanca, 65 años después

“Era naturalmente cortés, pero advertí siempre en él cierto distanciamiento. Fuera del estudio vivía como encerrado en una cápsula de vidrio y me intimidó”, escribió Ingrid Bergman sobre Humphrey Bogart en su autobiografía Mi vida, en la que apenas dedicó unos pocos y no muy gratos párra fos a Casablanca.
El actor negro Dooley Wilson, el carismático showman Sam a disgusto, el soplo divino del hiriente recuerdo portado en los versos de As Time Goes By, en realidad estaba sentado frente a un piano hueco, pues no tenía ni la menor idea acerca de cómo tocar este instrumento.
Los de coradores no se tomaron nunca la molestia de ojear algunas fotos de Casablanca para saber cómo era de verdad el aspecto de esta ciudad marroquí.
Y sin embargo, en un triunfo esplendoroso de la ficción, la película del director Michael Curtiz cumple 65 años con una frescura de la que carece mucho cine.
A pesar de contar con un director como Curtiz, el rodaje de Casablanca comenzó como un desastre.
“El guión se modificaba sin descanso y a diario rodábamos a partir de cero.
Nadie sabía cómo finalizaría la trama, lo que no contribuía a que diéramos verosimilitud a nuestros personajes.
“Cuando preguntaba si debía estar enamorada de Rick Blaine (Bogart) o de Víctor Laszlo (Paul Henreid), me respondían: Aún no lo sabemos…actúe…
actúe mitad y mitad”, prosigue en su autobiografía la intérprete sueca de Ilsa Lund.
Este personaje, una refugiada noruega, vive un dilema muy femenino: al altruista hombre que más le conviene lo quiere, pero como a un hermano. Y el que la hace llorar, el que le hace arder las mejillas, es un noble rufián con la nicotina y el alcohol instalados.
Uno de los aspectos que más estremece de Casablanca es saber que cuando se estrenó en Estados Unidos, a finales de 1942, luego de un rodaje a la carrera, la Segunda Guerra Mundial parecía lejos de terminar en una victoria de los aliados.
De allí la sensación de endeble tregua que se respira en los locales nocturnos dentro de los que se desarrolla la mayor parte de las 20 escenas y 102 minutos de metraje de Casablanca: el Rick’s Café Americain y el Blue Parrot de la metrópolis marroquí.
“Es un hermoso mal momento para enamorarse”, le replica Rick a Ilsa Lund cuando ella subraya la paradoja del terrible contexto histórico de su romance furtivo y perfecto, un pasado que él sabe imposible de reeditar y que quedará embalsamado en una oración que, como el himno de La Marsellesa, encierra una semilla de irreducible militancia libertaria ante todo totalitarismo: “Siempre nos quedará París”.
Era naturalmente cortés, pero advertí siempre en él cierto distanciamiento.
Fuera del estudio vivía como encerrado en una cápsula de vidrio”.
Ingrid Bergman, sobre Humphrey Bogart en ‘Casablanca’.
isla para ayudar a su ex novia. En el lugar, vive una extraña comunidad, dominada por las mujeres y donde se realiza un misterioso culto cada año. El filme, nueva versión de una exitosa cinta de suspenso de los 70, no genera sensaciones en el espectador y Cage tampoco hace su mejor papel. (SG).

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