Un ajedrecista llamado Humphrey Bogart

LETRAS LIBRES – Hugo Vargas / Febrero de 2010

Un ajedrecista llamado Humphrey Bogart

“Con los años aquilataba mejor la dignidad de su profesión, la de actor, no la de astro de la pantalla”, decía John Huston, vestido de un luto riguroso. El director de cine se llevó una mano al nudo de la corbata antes de continuar. “Nunca se tomó demasiado en serio él mismo; pero su trabajo con enorme seriedad. Contemplaba la figura un tanto chabacana de Bogart, la estrella, con divertido cinismo, pero por Bogart, el actor, sentía un profundo respeto.”

Era la mañana del 14 de enero de 1957 en Holmby Hills, en Hollywood. Estaban ahí cientos de personas que habían acudido al sepelio de uno de los más grandes ídolos del cine estadounidense y universal: Humphrey de Forest Bogart, Bogie, para sus amigos y fans.

Lauren Bacall, su cuarta esposa, le había pedido a Spencer Tracy que escribiera la oración fúnebre, pero Tracy no pudo hacerlo, abatido por el dolor de la muerte de su amigo. Bacall se lo pidió entonces a Huston. El director de El tesoro de la sierra Madre continuó: “Poseía el don más grande que puede tener un hombre: talento. El mundo entero llegó a reconocerlo… consiguió de la vida todo lo que pidió y aún más. No tenemos motivos para compadecerlo; sí a nosotros por haberlo perdido. Nadie podrá reemplazarlo.”

La salud de Bogart se había resquebrajado un año antes. En febrero de 1956 fue operado de un cáncer de esófago en un hospital de Washington, y la prensa anunció su muerte. El actor llamó entonces a Joe Hyams un periodista que había logrado su amistad, (autor de Humphrey Bogart, Grijalbo, Barcelona, 1972, Figuras del Cine) y le dictó una carta que es un ejemplo del humor de Bogart: “He leído que me habían extirpado los dos pulmones; que no iba a vivir media hora más; que estaba luchando a vida o muerte en un hospital de Hollywood que no existe; que mi corazón se ha parado y lo han sustituido por la vieja bomba de una difunta gasolinera de Standard Oil. Que voy camino de casi todos los cementerios imaginables de aquí al río Mississippi, incluidos varios en los que estoy seguro sólo admiten perros. Todo lo cual disgusta a mis amigos, por no decir nada de las compañías de seguros.”

Luego de la operación, Bacall organizaba las visitas de un montón de amigos que acudían a su casa al atardecer. Al final de la enfermedad lo bajaban en silla de ruedas a la sala donde los recibía, siempre con un whisky con mucha agua y un cigarrillo entre los dedos. Bogie hacía enormes esfuerzos por parecer tranquilo y divertido, pero la gravedad de la enfermedad era inocultable. El periodista Alistair Cooke lo dijo muy bien: “era un esqueleto jovial”.

Bogart pasó aquellos meses lejos de lo que más disfrutaba: navegar. Tenía un pequeño velero en el que, siempre que le era posible, salía los fines de semana a la isla Catalina, frente a las costas de California. Y el actor lucía los trofeos ganados en varias regatas internacionales, en aquella sala donde recibía a sus amigos.

Para su fortuna, podía dedicarse un poco a su otra pasión y pasó aquellos días previos a su muerte jugando ajedrez por teléfono con Mike Romanoff, propietario de un hotel, de cuyo restaurante Bogart era un habitué.

Romanoff aseguraba pertenecer a la nobleza rusa y había llegado a California después de la revolución. Al parecer jugaba mejor que Bogie, pero en una ocasión acordaron un match: el que perdiera dos partidas donaría cien dólares a la beneficiencia. El actor ganó dos de las primeras tres partidas. Mike, sin embargo, aseguraba que era mejor. Y retó a Bogart y al director Richard Brooks a una partida por teléfono. Quien perdiera debería hacer un donativo a un asilo. En aquella ocasión Bogie se aseguró de contar con dos teléfonos en su mesa. Cuando Romanoff llamaba para avisar de su movimiento, le decía “espera un momento, mientras consultamos Dick y yo”. Entonces llamaba a Herman Steiner, campeón de ajedrez de Estados Unidos, quien vivía en Los Ángeles y era “de la pandilla”. Cuando Mike envió el cheque al asilo, Bogart le contó todo en medio de risas. En realidad, Romanoff había jugado contra el campeón de Estados Unidos.

Bogart tenía 58 años. Había filmado 81 películas y actuado en 19 obras de teatro. Se había casado cuatro veces y tenía dos hijos con Lauren Bacall. Era el actor mejor pagado de Hollywood, y gozaba ya de la independencia laboral, luego de haberla buscado toda su vida. Aceptaba sólo los personajes y las historias que le interesaban.

Había fundado Santana Productions con la que realizó Knock on any door –en la que debutó como director Nicholas Ray–, Tokio Joe, In a lonely place, Sirocco y Beat the Devil, con la dirección de John Huston y guión del propio Huston y de Truman Capote.

La última película protagonizada por Bogart había sido Más dura será la caída (The harder they fall) en 1956, para Columbia Pictures. Durante el rodaje Bogie daba muestras de impaciencia y enojo. Contra su costumbre, llegaba tarde al set, irascible e impaciente; discutía con el director y se retiraba, maldiciendo, a su camerino.

Bogart padecía una tos persistente, cuyos accesos duraban hasta media hora, y tenía dificultades para comer. Fue la actriz Amanda Dunne quien lo convenció de acudir al médico. Semanas más tarde Bogie se enteraba del cáncer de esófago. Era enero de 1956 y él y Bacall ya habían hecho pruebas de vestuario para Melville Goodwin USA, película que marcaría su regreso a Warner Brothers. El estudio esperaba repetir los triunfos de Tener y no tener (To have and have not) y El sueño eterno (The big sleep, basada en la novela de Raymond Chandler) pues se reunirían Bacall y Bogart luego de seis años. Cuando faltaba una semana para iniciar la filmación el actor telefoneó a Milton Sperling, el productor: “Puedo hacer la película –le dijo– pero habré muerto dentro de seis meses.”

La última partida de ajedrez de Bogart registrada fue la de una exhibición de simultáneas de George Koltanowsky, un ajedrecista belga-americano establecido en California hacia 1947 y que rivalizaba con Miguel Najdorf por el récord de simultáneas a ciegas.

Blancas: George Koltanowsky
Negras: Humphrey Bogart
San Francisco, 1952
Defensa Francesa
1. e4 e6 (Bogie era un devoto de esta defensa) 2. d4 d5 3. exd5 exd5 4. Ad3 Cf6 5. Ce2 Ag4 6. 0-0 Ad6 7. f3 Ae6 8. Af4 0-0 9. Cd2 Cc6 10. c3 Ce7 11. Axd6 Dxd6 12. f4 c5 13. Cf3 Cf5 14. Dd2 Ce4 15. Dc1 Tac8 16. dxc5 Dxc5 17. Ced4 Cxd4 18. Cxd4 Tc7 (el actor no logrará doblar sus torres en la columna c; quizás era mejor 18… Cf6, aunque luego de CxA, el peón e atrasado sería una debilidad) 19. f5 Ad7 20. Axe4 dxe4 21. Df4 Te8 22. Tae1 (Bogart perderá ese peón y su posición ya es inferior) 22… Te5 23. Txe4 Txe4 24. Dxe4 Ac6 25. De3 Te7 26. Dg3 Te8 27. f6 g6 28. Dh4 h5 29. Te1 Txe1+ 30. Dxe1 Dd6 31. Cxc6 Dxc6 32. De7 Dc8 33. h3 Dc6 34. b4 Dxc3 35. De8+ (todo está decidido) 35… Rh7 36. Dxf7+ Rh6 37. De7 Dc1+ 38. Rf2 Df4+ 39. Re2 Dc4+ 40. Rf3 Rg5 41. f7+ se rinde el actor.

Después del nacimiento de su segundo hijo, la revista Silver Screen le preguntó cuáles eran las cosas más importantes en su vida. Bogie enumeró cuatro: la familia, el cine, la navegación y el ajedrez.

Le dedicaba tiempo. No sólo para jugar y mantenerse informado de las novedades teóricas. Durante la década de los cuarenta se desempeñó como uno de los directores de la Federación de Ajedrez de Estados Unidos y de la Asociación Estatal de California. En agosto de 1945 fue uno de los patrocinadores del Torneo Internacional Panamericano de Ajedrez, y maestro de ceremonias en el Segundo Congreso Panamericano, ambos realizados en Los Ángeles.

En 1945 también apareció, junto con Laurel Bacall, jugando con Charles Boyer en la portada de Chess Review. En otra fotografía de interiores se ve a Herman Steiner observando la partida entre Bogart y Boyer.

Era el auge del anticomunismo en Hollywood y el Comité de Actividades

Norteamericanas, primero con Diess, y luego con McCarthy, elaboraba listas, llamaba a comparecencias y acusaba a actores, productores y guionistas.

El expediente del FBI sobre Bogart tenía más de cinco centímetros de grosor. Se había iniciado en 1936, cuando el actor apoyó la huelga de lechugeros del valle de San Joaquín y la de los reporteros de Seattle; continuaba con la acusación de un mitómano contra él y otra veintena de actores de pertenecer al Partido Comunista y había aumentado considerablemente con el apoyo de Bogart a Los Diez (un grupo de actores, productores y guionistas acusados de comunistas y que finalmente formarían parte de la lista negra de Hollywood).

Era la época en que los muchachos del Buró interceptaban la correspondencia del actor y luego se presentaban en su casa preguntando qué tipo de claves eran aquéllas. Bogie les explicaba, inmutable, que él participaba en torneos de ajedrez por correspondencia en Europa y Estados Unidos, y que las notas interceptadas eran sus movimientos en varias partidas en proceso.

Bogart y Bacall se encontraron por primera vez en el set donde se rodaba Pasaje para Marsella. Howard Hawks fue el que los presentó y el actor no parecía gran cosa con el uniforme de presidiario con el que actuaba. No hubo atracción a primera vista, diría luego Bacall, y él sólo recuerda haber visto “un bonito accesorio con piernas” que podía hundir o salvar un filme y se preguntó si sería buena actriz.

En ese momento se daban los últimos toques al guión de William Faulkner para adaptar la novela de Ernest Hemingway, Tener y no tener y que dirigiría Hawks. Ésa sería la primera cinta pensada para Bogart como protagonista y el estudio buscaba a la primera actriz. Hawks proponía a Bacall, pero Jack Warner tenía sus dudas.

La segunda vez que se encontraron fue dos semanas antes de empezar el rodaje, en la puerta de la oficina que Hawks tenía en Warner. Esta ocasión Bogart sí se fijó en ella y le dijo una frase que Bacall recordaría siempre: “Vamos a divertirnos mucho juntos.”

Betty Joan Perske, mejor conocida como Lauren Bacall, “La Mirada”, fue descubierta por Earl Robinson, luego de aparecer en la portada de Harper’s Bazaar en marzo de 1943. Nacida en una familia judía de padres divorciados, Betty era una self-made woman, una neoyorquina independiente y con fortaleza, que creía en sus aptitudes y quería hacer cine. Había ido a Hollywood con la esperanza con la que van todas las aspirantes a estrella. Pero Bacall lo logró. De Bogart decía que era “el hombre apuesto más feo que había visto nunca”.

Bogart, por su parte, sufría su tercer matrimonio. Ella era Mayo Methot, “una rubia exuberante y aficionada a la bebida” salida de alguna novela de Dashiell Hamett o Raymond Chandler. Methot era una actriz de Nueva York que fue a Los Ángeles a buscar fortuna pero que no tuvo éxito. El matrimonio fue una pesadilla desde el día de la boda que terminó en una borrachera colectiva y una tremenda pelea entre los novios.

En una entrevista el actor dijo de su matrimonio con Methot: “Me gusta una esposa celosa. Mayo es una mujer estupenda y sabe manejarme. Otra razón por la que nos llevamos bien es que no nos hacemos demasiadas ilusiones sobre nosotros mismos. Además a mí me encanta una buena pelea. Y a Mayo también. Hemos tenido pleitos de grandes ligas”.

Así fue: platos, botellas y objetos varios volaban en todas direcciones, en medio de insultos y ultrajes, hasta que Mayo le asestó una puñalada sin consecuencias graves, luego intentó incendiar la casa y en otra ocasión se cortó las venas. Los médicos dijeron que Mayo debía dejar el alcohol y acudir con un psiquiatra. Éste le diagnosticó depresión y esquizofrenia.

Al iniciarse el rodaje de Tener y no tener Betty Bacall se echó al equipo al bolsillo. Simpática y voluntariosa, aceptaba las bromas y las enseñanzas. Todos veían en ella a una futura estrella. Dominaba su nerviosismo de debutante con mucha suerte. En las primeras tomas Betty temblaba de pies a cabeza y relata: “me di cuenta de que una manera de mantener quieta la cabeza era inclinarla, la barbilla hundida, casi en el pecho, los ojos vueltos hacia Bogart, lo que resultó ser el comienzo de La Mirada”.

Poco a poco, entre ensayos y consejos, almuerzos y lecturas del guión, algo surgió entre Bogart y Bacall. Después de un mes de trabajo, al rodar la escena del silbido, el equipo de filmación se percató que algo sucedía entre los protagonistas. Dan Seymour dice que “Bogart tenía una sonrisa muy peculiar que todavía se puede ver en la pantalla”.

Poco después caminaban por el set tomados de la mano a la vista de todos. Cuando se decretaba un descanso, iban a uno de sus camerinos y regresaban después de haberse vencido el plazo, un poco despeinados pero sonrientes. Bacall fue bautizada por el equipo de filmación como “El resto del reparto”, pues cuando Mayo aparecía por el set o llamaba por teléfono buscando a su marido, el equipo le decía que había salido a tomar una copa con “el resto del reparto”.

Finalmente Bogart contrajo matrimonio con Lauren Bacall en mayo de 1945. Ella tenía 20 y él 45 años.

Y es que además de su elegancia y sus largas piernas, “me gusta su juventud
–decía el actor–, su carnalidad y su actitud de ‘me tiene todo sin cuidado’”. Betty también superaba a todas las demás por algo muy sencillo: sabía jugar ajedrez.

Blancas: Humphrey Bogart
Negras: Lauren Bacall
Española
Hollywood, 1951
1. e4 e5 2. Cf3 Cc6 3. Ab6 g6 (una variante poco usual) 4. d3 d5 5. exd5 Dxd5 6. c4 Ab4+ 7. Cc3 Axc3+ 8. bxc3 Dd6 9. a4 Ad7 10. Aa3 Df6 11. De2 (el actor se dispone a ganar el peón central) 11… Cge7 12. axe7 Dxe7 13. Axc6 Axc6 14. Cxe5 Axg2 15. Rg1 Ah3 16. Tg3 Ae6 17. d4 c6 18. d5 cxd5 19. cxd5 Axd5 20. c4 Ad6 21. Te3 f6 (Betty se equivoca y entrega la pieza y la partida) 22. Cd3 Rf7 23. Cf4 Tae8 24. Cxe6 Db4+ 25. Rf1 Te7 26. Te1 The8 27. Cd8+ Rf8 28. Txe7 Txe7 29. Dxe7+ Dxe7 30. Txe7 Rxe7 31. Cxb7 se rinde Bacall.

Cuando se inició el rodaje, Casablanca no tenía un guión definitivo y el reparto estaba aún por definirse. Luego de haberse pospuesto tres veces el pizarrazo inicial, Bogart, Bergman y Geraldine Fitzgerald se sentaban con aire triste en el comedor del estudio. Ésta última, una actriz que tuvo su oportunidad con El halcón maltés, le contaba a Aljean Harmetz –autor del mejor texto sobre la película, Round up the usual suspects– que la conversación giraba en torno a las posibilidades de abandonar el filme. “Pensaban –decía Fitzgerald– que los diálogos eran ridículos y las situaciones increíbles.” Bergman estaba preocupada por su figura, pues tenía que representar a la mujer más hermosa de Europa y según ella misma “parecía una lechera”. “Yo conocía muy bien a Bogart –cuenta ella– y quería ponerse de acuerdo con Bergman. La había pasado muy mal con Warner Brothers durante años.” Ése fue el único contacto entre los protagonistas fuera del set.

Hasta ese momento Bogart había hecho más de 40 películas para Warner interpretando el mismo papel. Aparecía con un traje gris o negro, camisa azul, horrendas corbatas y sombrero de ala ancha. Las líneas de su participación eran más o menos: “Todos contra la pared; manos arriba, no se muevan o disparo.” Siempre terminaba herido o golpeado y nunca se quedaba con la chica. En nueve filmes era condenado a cadena perpetua, en ocho moría electrocutado o ahorcado y baleado en otros doce. Besaría a una actriz en la pantalla por primera vez en El halcón maltés, en 1941.

La primera versión de Casablanca fue una obra de teatro, Everybody comes to Rick’s, de Murray Burnett y Joan Alison, que se vio favorecida por la guerra. Antes de la incorporación de Estados Unidos a las hostilidades, la oficina de censura gubernamental –un antecedente del Comité de Actividades Antinorteamericanas– rechazaba cualquier cosa que alentara los ánimos belicistas o atacara a Hitler, pero con la incursión japonesa en Pearl Harbor adquirió interés la obra que transcurría en un lugar exótico, con nazis arrogantes y una historia de amor entre una bella europea que duda entre un líder partisano y un bon vivant.

Un mes después de iniciado el rodaje aún se recibían los textos de las escenas escritos por los hermanos Epstein, a veces reescritos por Howard Koch en el set. La tensión explotaba entre el equipo de trabajo. Bogart procuraba distraerse jugando ajedrez por correspondencia con Irving Kovner, hermano de un empleado de la productora. El actor enviaba sus movimientos en tarjetas postales baratas, con comentarios como “Eres muy impulsivo, cálmate”, “Ahora estoy en problemas”, etcétera.

En los círculos ajedrecísticos se cree que fue el propio Bogart quien sugirió incluir el ajedrez en la película. Pero Ann Sperber y Eric Lax, autores de una de las biografías más completas sobre el actor (Bogart, Tusquets, Barcelona, 1999), aseguran que fue Howard Koch el de la idea, pues la partida es una metáfora “de la complejidad ajedrecística que caracteriza a la intriga de Casablanca”.

La introducción del personaje de Rick Blaine es el tablero de ajedrez. Se ve también una copa de champaña vacía, un cigarrillo consumiéndose y un pagaré por un deuda de juego. Luego la cámara retrocede hasta un plano medio de Bogart frente al tablero, jugando una partida en solitario.

Bogart, como hemos visto, era un estudioso de la defensa Francesa (y en el contexto de la película no podría más adecuada). Ésta es la posición con la que empieza la escena. Se ha llegado a ella después de 1. e4 e6 2. d4 d5 3. Cc3 Cf6 4. Ag5 Ae7 5. e5 Cfd7 6. h4 c5 7. Axe7 Dxe7. En este momento Rick es interrumpido y antes de abandonar el tablero toma el caballo de c3 y con un gesto de fastidio lo lleva a b5.

Esto, que bien podría llamarse variante Casablanca contra la defensa Francesa, deviene de una idea de Alekhine, y hasta el momento en que Bogart planteó la posición se habían jugado sólo cinco partidas con esa variante, con resultados favorables para las negras. Es probable que el actor conociera alguna de ellas.

Max Euwe, campeón mundial por aquel entonces, evaluaba la posición recurriendo a un lugar común: “es favorable para las blancas, aunque no es fácil obtener ventaja”.

Las negras parecen estar en aprietos por la llegada del caballo a c7, sin embargo el blanco debe ser cuidadoso. En Moscú, en 1935, la partida entre Nicolai Riumin y André Lilienthal continuó así: 8… 0-0 9. Cc7 Cxe5 10. Cxa8 cxd4 11. Dxd4 Cbc6 12. Dd2 b6 13. Ae2 Ab7 14. Cf3 Txa8 15. Cxe5 Cxe5 16. 0-0-0 Tc8 (a cambio de la calidad las negras tienen un peón y cierta iniciativa en el centro) 17. Th3 Cc6 18. Rb1 e5 19. f4 Cd4 20. Te3 Dxh4 21. fxe5 Ce6 22. Th3 Df4 23. Ad3 Dxd2 24. Txd2 g6 25. Th4 Cc5 26. g3 Te8 27. Te2 Ce4 28. c4?! (permite la siguiente respuesta táctica) 28… Cc5 29. Rc2 Cxd3 30. Rxd3 dxc4 31. Rc3 (obviamente no Rxc, por Aa6+) 31… Ad5 32. Td4 Ae6 33. Ted2 Rg7 34. Td8 Te7 35. Rd4 h5 36. Re4 Tc7 37. Rf4 c3 38. bxc3 Txc3 39. T8d3 Tc5 40. Ta3 Tc7 (y después de 18 movimientos más las negras lograron la victoria).

Cuando terminó la guerra, la intuición de Bogart fue tomada en serio por los grandes maestros y Szvetozar Gligoric y Jean Rellstab obtuvieron buenos resultados. También David Bronstein contra Gideon Sthalberg, en 1950, durante el torneo de candidatos, en Budapest, para tener una idea de cómo pueden continuar las blancas: 8. … 0-0 9. Cc7 cxd4 10. Cxa8 f6 11. Dxd4 Cc6 12. Dd2 fxe5 13. 0-0-0 Nf6 14. f3 Dd6 15. Ce2 Ad7 16. Cc3 Txa8 17. Ce4 De7 18. Cxf6 Dxf6 19. Ab5 Cb8 20. Db4 Axb5 21. Dxb5 Df7 22. c4 cc6 23. cxd5 Cd4 24. Dd3 exd5 25. Thf1 Df4+ 26. Rb1 Td8 y luego de 46 movimientos se impusieron las blancas.

En octubre de 1929 la bolsa de Nueva York se derrumbó arrastrando consigo a toda la economía norteamericana, las artes incluidas. En Broadway se ofrecían entradas a mitad de precio y cupones para que las clientes acudieran al salón de belleza. En aquel año, de las 152 obras estrenadas sólo una quincena fue considerada un éxito y otras tantas recuperaron alguna ganancia.

Humphrey Bogart estaba casado en segundas nupcias con Mary Phillips, una actriz neoyorquina, pero ya no contaba con el apoyo paterno, pues el doctor Bogart se había abandonado a los narcóticos y Maude, su madre, estaba demasiado ocupada en atenderlo.

Bogart tenía un modesto lugar en el teatro como director de escena y actor de reparto y había recibido una oferta en Hollywood, cuya industria necesitaba actores que supieran hablar, mientras aprendían a hacerlo las estrellas del cine mudo. El actor marchó solo a Los Ángeles y luego de una estancia de algunos meses su contrato no fue renovado. Los productores adujeron la baja estatura y el labio partido, que le producía un ceceo al hablar, como un impedimento para que Bogart llegara a ser un galán de la pantalla. Así que volvió a Nueva York, y luego de algunos tropiezos logró reanudar su relación matrimonial con Phillips.

No fue fácil encontrar trabajo. Nadie en Broadway se impresionaba por el hecho de que Bogart hubiese filmado películas en Hollywood. Las obras para las que era contratado no permanecían más de una semana en cartelera, y se veía en serios problemas financieros. La pareja tenía como vecinos a otros dos matrimonios de actores con quienes hicieron un “fondo común para comida”. Y como el hambre es inteligente, a Bogart se le ocurrió que una forma de conseguir ingresos extras era jugando ajedrez. Una vez lo intentó y fue a las galerías de la Sexta Avenida donde ofrecía jugar una partida por una apuesta de medio dólar. Al final del día los resultados fueron suficientes para colaborar “con el fondo de la comida”. Así que el actor iba por las mañanas a las galerías, entraba a un local u otro y esperaba a los apostadores.

En ajedrez, una apertura puede recibir distintos nombres. A 1. d4 Cf6 2. g4 hoy se le conoce como gambito Bronstein –la clave de la apertura es A45–, luego de una corta partida contra Simagin, que terminó tablas, en 1967. (Un gambito es la entrega de un peón en la apertura para lograr algún ataque.) Pero en Holanda lo llaman Tim Krabbé, también surgido en una partida de 1967, y en Alemania lo denominan Gibbins-Weidenhagen por una partida de 1960.

Pero he aquí que la primera noticia de ese gambito fue en una partida de Humphrey Bogart, jugada en 1933, contra alguien consignado sólo como NN, durante aquellas mañanas en que el actor apostaba al ajedrez, por lo que algunos lo llaman, con justicia, Gambito Bogart.

Blancas: Humphrey Bogart
Negras: NN
Nueva York, 1933
Gambito Bogart
1. d4 Cf6 2. g4 Cxg4 3. f3 Cf6 4. e4 d6 5. Ae3 g6 6. Cc3 Ag7 7. Dd2 Cc6 8. 0-0-0 0-0 (La posición recuerda algún esquema de la defensa Pirc, y las blancas aspiran a un ataque en el flanco de rey, aprovechando la columna g abierta y el avance del peón h) 9. Ad3 e5 10. d5 Cb4 11. Ac4 a5 12. a3 Ca6 13. h4 Ch5 14. Cge2 f5 15. Ag5 Af6 16. f4 exf4 17. Cxf4 Cxf4 18. Dxf4 fxe4 19. Ah6 Te8 (tal vez mejor Ag7) 20. Cxe4 Ag7 21. Axg7 Rxg7 22. h5 Af5 23. hxg6 Axg6 (el remate del actor es conciso) 24. Dh6+ Rg8 25. Tdg1 De7 (25… si Txe4 26. Txg6+) 26. Txg6+ hxg6 27. Dh8+ Rf7 28. Th7 se rinden negras.

Bogart llegó al mundo unos días antes de que iniciara el siglo XX, en la navidad de 1899. No tuvo una infancia feliz. Su padre, Belmont DeForest Bogart, un reconocido médico neoyorquino y su madre, Maud Humphrey, una afamada ilustradora, tenían muy poco tiempo para cuidar a sus hijos. El pequeño Humphrey y sus hermanas, Frances y Catherine, a veces pasaban semanas a cargo de sirvientes no del todo amables. Las peleas entre los padres eran frecuentes; alcohólicos ambos, Belmont, además, era adicto a la morfina. Maud siempre tenía un plazo que cumplir, y cualquier cosa que supusiera un retraso la trastornaba. Bogart y sus hermanas la llamaban Maud, nunca mamá. “Éramos una familia de profesionales, demasiado ocupados para cultivar la intimidad”, diría después el actor, en un intento de suavizar el pasado. Lo único que Bogart recuerda con agrado de su infancia fue el aprendizaje de la navegación y el ajedrez.

Fue un mal estudiante. Expulsado del bachillerato por bajo aprovechamiento, y luego de soportar las recriminaciones paternas, con 18 años cumplidos, se decidió por el mar y se alistó en la Reserva Naval. Ahí tuvo el accidente que le partió el labio y le dio su aspecto característico.

Sin estudios actorales, aprendió el oficio gracias a su capacidad de observación. Se sobrepuso a un primer rechazo de Hollywood y soportó las condiciones impuestas por Warner Brothers. Al final de su carrera le dijo a un grupo de estudiantes de actuación: “Busquen los papeles importantes, pero nada de mansiones y autos de lujo, o serán atrapados por los estudios el resto de su vida. La única ventaja de hacer dinero es que así se puede mandar al diablo a un imbécil.”~

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s